Eilen Jewell tiene ese algo intangible que aporta magia a sus composiciones. Ese algo que tantos artistas buscan pero siempre les da esquinazo. Eilen se curtió tocando en clubes y avenidas, siguiendo la herencia de los héroes del folk norteamericano en todas sus vertientes, de ahí su espíritu y su autenticidad.
Del country tomó la soledad y la melancolía; del blues la espiritualidad y el consuelo ante las adversidades; del rockabilly la impetuosidad y del honky-tonk la espontaneidad. Al conjunto le sumó una voz desnuda y emotiva, líricas que exudan vida de puro honestas, y una banda bien compenetrada que enriquece su guitarra con una sólida base rítmica, electricidad y algún viento ocasional.
Descubrí su música a través de 'Letters From Sinners & Strangers', que fue su segundo álbum de estudio, publicado en 2007. Un disco redondo en el que debieron juntarse todos los astros necesarios, pues brilla con luz propia frente a un debut prometedor pero aún con ciertas carencias ('Boundary County', 2005) y un siguiente disco que no terminó de transmitir la magia de su predecesor ('Sea of Tears', 2009).
Desde que Eilen arranca el disco buscando su sitio en "Rich Man's World", el nivel no baja tanto si habla de desparrame con "High Self Booze", si versionea la agridulce "Thanks a Lot" o si se despide pisando acelerador y carretera y manta con "Blue Highway". 12 cortes en total que son una pura delicia, que te pueden poner triste y al track siguiente contento, como si estuvieras bipolar. Una mezcla de emociones interpretadas a la perfección, según los parámetros de la mejor tradición americana.

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